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La Abuela Tiene WiFi: Las Señoras Regias que Están Conquistando TikTok y Salvando la Cultura Norteña de a Poco

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La Abuela Tiene WiFi: Las Señoras Regias que Están Conquistando TikTok y Salvando la Cultura Norteña de a Poco

Photo: elderly Mexican grandmother cooking kitchen teaching grandchild smartphone, via www.shutterstock.com

Hay algo que ningún algoritmo predijo: que las personas más influyentes en la conversación cultural de Monterrey en 2024 tendrían más de 65 años, delantal puesto, y un iPhone que les configuró el nieto. Las abuelitas regias llegaron a TikTok sin pedir permiso, y ya no hay quien las saque.

Mientras medio mundo debatía si la generación Z iba a destruir o salvar la cultura, doña Carmen Garza, de 71 años y originaria de Guadalupe, N.L., acumulaba 340,000 seguidores publicando videos de cómo se hace el cabrito al pastor de verdad. No el del restaurante de la avenida. El de rancho. El que se tarda dos días.

"Yo no sabía ni qué era un 'live'" admite entre risas. "Mi nieta Fernanda me dijo: 'Abue, pon la cámara así'. Y ya. Ahí empezó todo."

El Fenómeno que Nadie Vio Venir

Lo que está pasando en Monterrey no es un accidente ni una tendencia pasajera. Es algo más profundo: una generación que vivió sin internet está usando internet para decir todo lo que nunca se documentó. Recetas que existían solo en la memoria. Historias del Barrio Antiguo de hace cincuenta años. Canciones de cuna en un español norteño que los libros de lingüística apenas empiezan a estudiar.

Según datos de TikTok México, los creadores mayores de 60 años son el segmento de mayor crecimiento en la plataforma en ciudades del norte del país. Y Monterrey lidera esa estadística. No es casualidad: la ciudad siempre ha tenido una identidad cultural fuerte, orgullosa, y las personas que la vivieron en su versión más pura sienten que hay algo urgente que contar antes de que se pierda.

Doña Esperanza Treviño, de 68 años, empezó su cuenta hace poco más de un año publicando "remedios de rancho" — esos que tu mamá usaba cuando no había dinero para el doctor. Hoy tiene más de 180,000 seguidores, muchos de ellos mexicanos viviendo en Texas, California y Chicago que le escriben agradeciéndole que les recuerde cosas que creían olvidadas.

"Me escribió una señora desde Houston que me dijo que se le olvidó cómo se hacía el atole de pinole que hacía su mamá. Lo vio en mi video y lloró toda la noche", cuenta doña Esperanza. "Eso no tiene precio."

Los Nietos Como Puente

Detrás de casi cada abuela regia en TikTok hay un nieto o nieta millennial que funciona como productor, editor, community manager y, sobre todo, como el fan número uno. Esta dinámica está resultando ser una de las partes más interesantes del fenómeno: la tecnología como pretexto para reconectar.

Fernanda Garza, 26 años, diseñadora gráfica y nieta de doña Carmen, dice que antes de empezar el canal apenas veía a su abuela los domingos. Ahora hablan casi todos los días para planear el siguiente video.

"Aprendí cosas de mi abuela en estos dos años que nunca hubiera aprendido de otra forma", dice Fernanda. "Historia de la colonia donde creció, por qué en Monterrey se come diferente al resto de México, qué pasó con los ríos antes de que los entubaran. Ella lo sabe todo y yo nunca le pregunté."

Este patrón se repite en varias de las cuentas más seguidas. Los jóvenes aportan el conocimiento técnico — iluminación, edición, tendencias de audio — y las abuelas aportan algo que ninguna escuela de marketing puede enseñar: autenticidad sin filtro.

Más que Recetas: Un Archivo Vivo

Sería fácil reducir este movimiento a un tema gastronómico. Sí, hay muchas recetas. Pero hay mucho más. Doña Rosario Cantú, de 73 años y con raíces en Linares, tiene una serie de videos donde narra leyendas del noreste mexicano que nunca aparecen en Google. La Llorona versión nuevoleonesa. El Nahual de los ranchos. Aparecidos en caminos reales que hoy son carreteras federales.

"Esas historias me las contó mi abuela, que se las contó la suya", dice doña Rosario. "Si yo no las cuento, se mueren conmigo."

Sus videos tienen un promedio de 400,000 vistas. Los comentarios están llenos de personas de toda América Latina reconociendo versiones similares de las mismas leyendas, y de académicos de universidades en México y Estados Unidos pidiéndole permiso para citar sus videos en investigaciones sobre tradición oral.

Eso último la tiene un poco abrumada, pero también orgullosa.

El Impacto en la Diáspora

Para la comunidad regia en Estados Unidos — y hay mucha: San Antonio, Dallas, Houston, Los Ángeles tienen colonias nuevoleonesas considerables — estos videos son algo parecido a una línea directa al hogar. No el Monterrey de las noticias o el de las guías de viaje. El Monterrey de las cocinas, los patios, las tardes de domingo.

"Hay gente que lleva veinte años sin volver y que me dice que mis videos le quitan la nostalgia", cuenta doña Carmen. "Eso me emociona mucho, porque yo nunca salí de aquí y no sé bien cómo se siente extrañar así. Pero me alegra poder ayudar."

Algunos de esos seguidores de la diáspora han empezado a enviar preguntas específicas: ¿Cómo era el mercado Juárez en los setenta? ¿Cómo se hacía el pan de pulque que vendían en la colonia Independencia? ¿Cuál era la canción que ponían en las fiestas de quince en los ochenta? Las abuelas responden, y esos videos se convierten en los más virales de todos.

Una Cultura que se Niega a Desaparecer

Lo que está pasando en los teléfonos de estas señoras regias es, en el fondo, un acto de resistencia cultural. En un mundo donde el contenido se produce a velocidad industrial y se olvida en 48 horas, ellas están publicando cosas que tienen décadas, a veces siglos, de historia detrás.

Y están ganando.

Doña Esperanza ya recibió su primera invitación para hablar en un festival cultural en San Antonio. Doña Carmen está en pláticas con una editorial para publicar un recetario basado en su canal. Doña Rosario fue contactada por un podcast de historia regional que quiere grabar una serie completa de leyendas norteñas con ella como narradora.

Ninguna de ellas buscó la fama. Solo querían contar lo que sabían.

"Yo nomás quería que mis recetas no se perdieran", dice doña Carmen, mientras Fernanda le ajusta el encuadre para el siguiente video. "No esperaba que le importara a tanta gente."

Le importa, doña Carmen. Más de lo que imagina.

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